
¿QUIÉN SOY?
¿Quién soy? Es tal vez una de las primeras preguntas que se hace uno cuando empieza a ver el mundo, a entender su complejidad y a preguntarse de dónde viene, para dónde va y además por qué viene y por qué va.
Es muy difícil contestar porque no existe una respuesta y porque aun cuando existiera, esa respuesta abriría de inmediato una serie de preguntas que serían interminables porque el hombre en el fondo es solamente una pregunta que no podrá contestar nadie.
He aprendido a escribir los poemas, los cuentos, las novelas, todo lo que tenga relación con la palabra y pienso que esto es lo que caracteriza mi vida. Pienso que soy una palabra que se repite, que se investiga, que se crea, que se forma, que vuelve otra vez a buscarse, que no se encuentra, que se desespera, que se llena de angustia, que aprende todos los pecados y todas las virtudes y que en este sentido la palabra es la que rige mi vida, es el signo o el símbolo o la serie de signos o de símbolos que han sido como el pentagrama sobre el cual he ido tratando de escribir, de la mejor manera posible, esta melodía trunca y difícil de la vida.
Soy un ser en permanente búsqueda, soy un ser que trata de explicarse, soy un ser que se comparte con los demás; que de sus experiencias edifica un conocimiento, que sabe que nunca encontrará la verdad completa; que hace de la duda un motor para ser cada día mejor; que entiende, si se puede decir que esto es entender, que la vida es una experiencia irrepetible, única, que es una tarea que hay que escribir de una vez en limpio, que no podemos hacer borradores para vivir y que todas las cosas trascendentales de la vida como amar, como ser padre, ser humano, ser persona, ser escritor, como ser miembro de una comunidad, como ser habitante de la tierra, como ser ciudadano del mundo, no se pueden estudiar en ninguna parte y hay que aprenderla sobre la marcha.
Soy también una persona que entiende que le dieron una oportunidad que nunca se le volverá a repetir y que este espacio tan breve de la vida, debe ser manejado con una sonrisa, con una fe enorme en algo superior; con una creencia en que si nosotros vamos haciendo nuestro propio destino, también somos alumnos de una escuela que no sabemos quién dirige y en la que se aprende, más o menos, a mejorar el camino, a aligerar el tránsito por el mundo y a buscar esa meta extraña, inexplicable, sombría o luminosa de la muerte.
RECUERDOS
Yo tengo una memoria personal bastante regular, casi que bastante mala, pero en cambio tengo una memoria literaria impresionante. Yo recuerdo los nombres de los personajes de esos libros que leía a los 7, a los 8 años, a los 9 años…. Y mi recuerdo personal de la vida de esa época es sumamente breve, es sumamente fraccionado.
Recuerdo que estudié en Santa Rosa de Viterbo en un colegio que dirigía la señorita Ana María Torres en donde perfeccioné, si así se puede llamar, lo que mi madre me había enseñado en la casa: a leer, a escribir, a amar los libros, a pensar, a imaginar, a dejar que las alas de la creatividad volaran por su propia cuenta.
No tengo una memoria muy clara de muchas cosas; sé que decidí no volver a estudiar de una manera regular en un colegio, con profesores, con calificaciones, con horarios, sino que destiné toda mi vida al estudio y todavía sigo estudiando, todos los días sigo aprendiendo cosas nuevas sobre la literatura, la filosofía, la política, la historia, todas las disciplinas que tenga algo que ver con el humanismo. Y recuerdos de esa época, pues las maravillas de los años jóvenes, cuando uno empieza a mirar a las muchachas ya con un detenimiento, con un placer estético; las primeras serenatas, los primeros cantos, los primeros tragos, las cacerías que hacíamos en Santa Rosa de Viterbo con los amigos de esa juventud maravillosa: Alonso, Rafico, Raúl, Leonel, Carlos, Miguel, Hernán, toda esta gente que fue parte esencial de mi vida, de mi crecimiento material y espiritual. Y luego, el amor que fue una cuestión que siempre estuvo acompañándome y el comienzo de una vida de responsabilidades tal vez a una edad bastante temprana; y la lucha por la vida, la lucha que a veces se hace demasiado dura, innecesariamente cruel, pero que en el fondo sigue siendo maravillosa porque es un desafío y los desafíos son para enfrentarlos y para llevarlos adelante y de alguna manera para vencerlos.
De tal manera que recordar es volver a vivir y volver a vivir desde la distancia, como a veces se ve el mar desde la cumbre de una isla. Y vemos, con el ejercicio de los recuerdos, lo que hemos hecho, lo que hemos dejado de hacer, lo que tendríamos que hacer para terminar la tarea de la vida. Y quizás no para terminarla porque la vida es una tarea interminable sino para seguir haciéndola lo mejor posible.


