El bosque está callado. Aunque los árboles continúen erguidos, sabemos que se han puesto de rodillas. Hay un silencio sagrado; se percibe la sensación del milagro. Y es que por los caminos de las tinieblas va bajando la luna y su mirada blanca lo inunda todo como un lento rezo de perdón.
Carboncillo, 45 cm x 65 cm.